Recuerdos implantados

OLGA (1955-2001)


Mi mamá escribió poemas toda su vida

y editó su primer libro a los 42 años.

Usaba las palabras más intrincadas.

Hablaba de su oscuridad,

de su pena,

de estar maldita,

de no ser amada como sintió que merecía.

Traicionada por los hombres,

por la militancia setentista

y por la familia redentora.

 

Tomaba whisky,

fumaba malboro,

se comía los labios.

Tenía una contractura permanente en las cervicales

y me pedía que le caminara por la espalda,

hasta que la piel le quedara roja.

 

Le gustaba la noche,

usaba polleras cortas,

medias de naylon,

y biyuterí que le compraba a la vecina de enfrente.

Me contaron que una vez disfrutó de puta

y sé de otras veces que no.

 

Una navidad fregó tan fuerte el baño de mis abuelos con lavandina

que vomitó durante toda la noche.

Quería arrancar el olor a suegros, a marido y a hijos de su vida.

A estupidez y a poca cosa.

 

Otro día mudó su casa arriba de nuestra casa,

la empapeló con poemas de Almafuerte,

se llevó sus cuadernos, su biblioteca,

tuvo dos ratitas blancas de compañeras

y se rapó la cabeza.

 

Y una noche de verano en 2001

tomo cocaína,

llenó papeles de notas indescifrables,

llamó a mi papá para decirle que lo amaba

y luego se pegó un tiro en su cara.

 

Se llamaba Olga.

Era feliz bailando

y escribía versos como este:

 

“Entré por la puerta del engaño

a este universo imaginario,

presintiendo que pertenecía

a otro campo.

Voy atada

de las solapas húmedas del tiempo

enajenada

buscando

desprender el espíritu

relajarlo

dejarlo

tirado en el pasto

de la única llaneza pura”

 

 

 RAFAEL (1949-2005)


Hoy sonó en la radio sorba el griego y se me instaló mi papá en el pecho, como piedra.

Mi papá me enseñó autonomía, pensé. Me enseñó el egoísmo y a irme cuando hace falta.

Me dejó crecer sola como jarilla, en el paisaje estepario de nuestra casa.

Me soltó antes que a mis hermanos porque realmente no sabía qué hacer conmigo.

 

Cuando mamá se murió, tuvimos que aprendernos las caras de memoria comiendo bifes en silencio.

Ladrón de bicicletas

Abogado penalista

Estafador de poca monta

Corredor de autos

Amante de las putas

Chabacano y canchero

Hay hijos que no te conozco

¿Alguno se te parece tanto como yo?

 

Encuentro mi fragilidad y te me apareces tierno en los sueños.

Sueño que me hacés un cumpleaños sorpresa, bromeas con mis amigas, me festejás.

Sueño que te vas de viaje a presentar un libro, que en vida no llegaste a terminar.

 Sueño que sos marica y cotorreamos en tu cuarto azul marino y dorado.

Sueño que tu presencia me llama tirándome la manga y me aterro.

 

Tampoco sé qué hacer con vos.

Con la distancia y la intimidad, con la brutalidad y la ira, con la tensión en la pierna derecha y con el hígado inflamado.

 

Hoy me senté en tu falda. Íbamos apretados en un auto repleto atravesando el desierto sanjuanino. Me mirabas de cerca, con la cara pegada a la mía, y me decías que la escena te recordaba a mi infancia.

Te pasé el brazo por el cuello para acomodarme mejor y cerré los ojos…

Yo no recuerdo nada igual. 


Ésta cercanía física va a ponerte nostálgico, vamos a inventar recuerdos y a deshacer la piedra

Aunque estés muerto, aunque sea en sueños, ésta dulzura es nuestra. 




 

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