¿Quién me manda?
BANANAS VERDES (dic 2016)
¿Quién me manda? Vengo de un gritazo trava trans latinoamericano hermoso, de compartir con desconocidas, amigas, cómplices con las que me cruzo en bocha de espacios autogestados y cuando termina la movida ¿me voy y me junto con mi ex? Así es… Gilari.
El pibe me mete un beso en la boca de saludo, así nomás. Le clavo una jeta muerta para que se entere que no. Comemos, caminamos, ¿me abraza?, sí… Vamos a un bar a beber y luego de un par de esos besos que me mete, de los robados, los malísimos, los autómatas, le digo: che, vos no te das cuenta que no te quiero besar, o sí?...
Nunca pedir permiso, nunca retroceder, nunca disculparse…
Le explico que en la vida real…
El pibe se acaba de separar de otra novia, la estaba pasando mal, yo lo acompañé en esa, invertí tiempo en esa separación, lo aconsejé y le di alojo en mi casa, porque vivía con ella, porque lo quiero y esa relación es nefasta…
Le digo: en la vida real...
Porque cuando estás en pareja te olvidas un poco lo que es el afuera. En todo caso, él parece que se olvida y los vínculos periféricos, entre ellos el que tiene conmigo, se le desdibuja bastante. Empiezo la frase así, con humor, con sarcasmo, pero también con cierto cariño docente.
(Un rato antes él miraba un grupo de pibes en el bar y me decía: No sé si estoy siendo muy prejuicioso, pero como que son muy pelotudos, no?... Totalmente... Más se juntan, más boludos se ponen- me dice y estamos de acuerdo… Mis amigos no son así… No, claro, ustedes son distintos.)
En fin, en la vida real se pide permiso para tocar a otra persona y vas leyendo todo lo que dice el cuerpo del otrx… Ya sabes cómo es! Porque vos no le haces esto a cualquiera… ¿o si?
¿Me lo haces a mí porque soy tu ex?… ¿Te pinta tocarme y darme un besito porque se te da la gana a vos? ¿Por qué hemos estado juntos? ¿Por qué me conoces hasta el lunar de la concha?...
Y, oír esto, en la vida real, lo pone muy mal…
¡Acatombe!
Dice que lo trato como un niño, porque decirle lo que siento y pienso lo ofende y entonces se pone agresivo. Me mira fijo, con los ojos sacados. Conozco esa mirada y la respiro lentamente, no dejo que me afecte. Me dice que esto que hago se debe a algo más: sugiere venganza… No puedo estar rechazándolo porque sí.
Y continúa así: que yo lo sigo amando, que siempre lo voy a amar…
Woooo!!!
Siento la risa que me viene subiendo desde el periné, le doy lugar y la dejo salir, bien estruendosa.
Se le estallan los ojos. No lo puede creer, porque claro él vive dentro mío y que me dé risa no está en sus planes.
Me dice que me conoce más que yo a mí misma. Que esta nueva yo (así dice) no lo confunde, que es todo una simulación de mi parte para hacerlo sufrir.
Soy una simulación para él, hago acting para él.
Que ahora no quiero pero en media hora voy a querer, que soy ciclotímica y me dice algo más que logra hacerme daño, me quiebra un toque y que no puedo recordar.
Yo ya me di cuenta, pero él también, que se fue todo a la mierda.
Silencio.
Tristeza.
Rabia.
Hoy la yuta se paseó por el barrio vestida de civil tirando pibes al suelo boca abajo para humillarlos enfrente de sus vecinos y no pude decir nada… Ojalá pudiera frenar a un rati abusivo, en cambio aquí me veo envuelta en una escena seudoromántica de la más rancia TV.
Me encantaría pensar que soy el mono que sabe decir que no a las bananas verdes. Reconocer a tiempo las bananas verdes.
(dic 2016)
Dionisia
Soyotra
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