Si un tierno joven la quiere tanto
pero tanto como de mal la quiere, la quiere suya, toda de él la quiere.
Ufff, cuánto la quiere!
La quiere tanto que no es culpa suya, pobrecito.
Un imperialismo juguetón, inconsciente, se le atraganta
en las venas peneanas a estas pobres criaturas ante la vista de una pradera boscosa

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