Las preocupaciones de una abuela han de ser tenidas en cuenta (pero a tiempo).
Ellas saben lo que hay que tener y lo que es preciso resignar.
Hay que estudiar una carrera seria, que tenga salida laboral rápida, efectiva y etcétera, porque nuestra época nos los permite pero, por sobretodo, para no convertirse en sirvienta del futuro esposo e hijos.
Hay que conseguir un trabajo digno y acorde al sacrificio realizado.
Si lo anterior no resulta hay que casarse a edad prudente y en lo posible con alguien que tenga moneda.
Hay que tener tres hijos, ni más ni menos y con el mismo marido, sino no cuenta.
A la hora del libertinaje siempre queda la vejez para poder quejarse impiadosamente.
En el peor de los casos la enfermedad se hará cargo de expresar las frustaciones.
Lo inevitable es que, a pesar del proyecto trunco que somos, normalmente nos aman.
Lo bueno es que, a pesar de la impaciencia que generan, en general las amamos.

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